Por Diana Carolina Ortiz Bonilla, Comunicadora social y periodista, profesional en estudios literarios, especialista en gestión cultural de ONG Manigua Viva

No hay futuro sostenible en una sociedad que normaliza la exclusión. Los hechos de discriminación registrados en el Centro Comercial Andino ocurren en un momento en el que, en distintas partes del mundo, cobran fuerza discursos que pretenden reducir la diversidad a una única forma de vivir, de ser y de amar. Frente a ello, defender el ambiente también significa defender el derecho de todas las personas a habitar espacios libres de discriminación.

Foto por Diana Carolina Ortiz Bonilla

A primera vista, la defensa de los derechos de las personas LGTBIQ+ y la protección del ambiente podrían parecer causas distintas. Sin embargo, ambas parten de un mismo principio: el reconocimiento del valor de la vida, la dignidad humana y el derecho de todas las personas a habitar espacios seguros, participativos e incluyentes.

En los últimos años, el mundo ha presenciado el resurgimiento de discursos que reivindican una visión única de la familia, la identidad y las formas de amar. En distintos países, sectores políticos y sociales han impulsado iniciativas que buscan restringir derechos previamente conquistados, apelando a la defensa de los llamados “valores tradicionales”. Este panorama no solo plantea desafíos para la garantía de los derechos humanos, sino que también invita a reflexionar sobre el tipo de sociedad que estamos construyendo.

En ese contexto, los recientes hechos de discriminación ocurridos en el Centro Comercial Andino y la posterior manifestación ciudadana no pueden entenderse como un episodio aislado. Forman parte de una conversación más amplia sobre el respeto por la diversidad y la necesidad de proteger los derechos y las libertades fundamentales de todas las personas.

Foto por Diana Carolina Ortiz Bonilla

La sostenibilidad trasciende la conservación de los ecosistemas: también implica promover comunidades donde la diversidad sea reconocida como una fortaleza y donde todas las personas puedan habitar y participar sin temor a la discriminación.

Velar por el bienestar ambiental significa, igualmente, trabajar por el bienestar común. Un territorio verdaderamente sostenible no puede edificarse sobre la exclusión ni sobre la imposición de una única manera de vivir, de ser o de amar. Así como la naturaleza encuentra su equilibrio en la diversidad de especies, culturas y ecosistemas, las sociedades democráticas se fortalecen cuando garantizan el respeto por las múltiples formas de existencia que las conforman.

Defender la biodiversidad y defender la dignidad humana no son causas opuestas ni independientes; ambas responden a un mismo principio ético: reconocer el valor de la vida en todas sus expresiones. Por ello, creemos que construir un futuro más sostenible también exige construir espacios donde la diferencia no sea motivo de rechazo, sino una oportunidad para fortalecer el tejido social y avanzar hacia una convivencia basada en el respeto, la justicia y la inclusión.

Foto por Diana Carolina Ortiz Bonilla

Desde Manigua Viva entendemos que la defensa del ambiente y la defensa de los derechos humanos no compiten entre sí; se complementan. Así como promovemos el respeto por la biodiversidad y los ecosistemas, también creemos en el valor de la diversidad humana como fundamento de comunidades más resilientes, solidarias y sostenibles. Porque no puede haber un territorio verdaderamente sano cuando quienes lo habitan aún enfrentan exclusión o violencia por ser quienes son.